lunes, 16 de septiembre de 2013

A L.P en memoria de los tiempos heroicos.

Hay cierta idea generalizada de que uno cuando regala un libro tiene que dedicarlo: no estoy de acuerdo. Y no estoy de acuerdo sencillamente porque a) el libro no lo escribí yo así que quién carajo se supone que soy para usar algo de otro y firmarlo (¡encima en la hoja de adelante de todo el relato!) y b) no encontré el libro que quería regalarte. Ya no importa.

Lo importante es que ya más o menos había pensado en esto de las dedicatorias (después de verte rogarle a Z que te dedicara el/los benditos libros que te regaló) y decidí escribirla antes de salir a buscar el libro, lo cual derivó en una pésima idea porque como dije en el párrafo anterior al libro  no lo conseguí. Esta es la primer dedicatoria de libro sin libro, así por lo menos me evito la herejía de escribir alguna pelotudez en las páginas anteriores a ¿Tom Sharpe? ¿Vargas Llosa? ¿Fogwill? ¿Bret Easton Ellis? pero no el gesto de escribir-te. Te dedico esta entrada en este blog, que no vale nada pero al menos no siento que le esté robando a alguien más.




Si yo fuera un escritor y te estuviera regalando mi libro ahí sí te lo dedicaría, creo. Salvo que haya decidido dedicar el libro a alguien más y la editorial lo haya impreso y entonces ahí el problema es doble ¿cómo te dedico un libro que ya fue dedicado a alguien más? ¿existe un especia de cola para reclamar dedicatorias? ¿dedicatoria escrita a mano mata dedicatoria impresa? ¿o al revés? La burocracia de las dedicatorias es insoportable.

Marguerite Yourcenar (legalemente para la justicia belga Marguerite Cleenewerck de Crayencour), explicando los motivos por los que no había dedicado a nadie sus Memorias de Adriano, dijo que para ella era una suerte de indecencia colocar una dedicatoria personal al frente de un libro en el que pretendía pasar inadvertida porque la mina había intentado escribir la vida y la muerte del emperador Adriano bajo la fórmula Querido Marco blablablá (Marco por Marco Aurelio, el sucesor de Adriano).

Borges, que ni para las dedicatorias podía ser sencillo, dedica El Hacedor así: “Mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos, y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo he traído este libro y que usted lo ha aceptado”

Claro que hubo otras dedicatorias mucho más populares: en Cantando por un Sueño 2012, Silvina Escudero dijo antes de cantar: “Le dedico el tema (Corre, de Jesse y Joy) a una chica, le mando un beso, se debe acordar... Hace 8 años ella me declaró que estaba enamorada de mí y no paso nada”. Tristeza

Y esa no te convenció, te dejo un ratito con Lanata:



¿Qué puedo hacer yo ante esas dedicatorias? Quedarme en silencio.

La carta de tu vecina es una gran dedicatoria “te felicito por empezar a ser gente”, claro, porque te vas a Europa y allá son gente, no como los de acá. Adoro los 90’s.

(Yo te prometo que cuando vuelvas, voy a ser gente o por lo menos voy a controlarme)

Alfredo Bryce, en La Vida Exagerada de Martín Romaña, escribe: “A Sylvie Lafaye de Micheaux, porque es cierto que uno escribe para que lo quieran más”.

A mí no me quieras más, por las dudas. Suerte L.P, ¿hablamos por skype?. Voy a cocinarme ravioles e imaginar que me los hiciste vos y te voy a esperar para que cursemos todo el año juntos (?).

Abrazo, D.


PD: Mario Vargas Llosa en Travesuras de la niña mala: “A X, en memoria de los tiempos heroicos”.

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