Hay
cierta idea generalizada de que uno cuando regala un libro tiene que dedicarlo:
no estoy de acuerdo. Y no estoy de acuerdo sencillamente porque a) el libro no
lo escribí yo así que quién carajo se supone que soy para usar algo de otro y firmarlo (¡encima en la hoja de adelante de todo el relato!) y
b) no encontré el libro que quería regalarte. Ya no importa.
Lo
importante es que ya más o menos había pensado en esto de las dedicatorias
(después de verte rogarle a Z que te dedicara el/los benditos libros que te
regaló) y decidí escribirla antes de salir a buscar el libro, lo cual derivó en
una pésima idea porque como dije en el párrafo anterior al libro no lo conseguí. Esta es la primer dedicatoria
de libro sin libro, así por lo menos me evito la herejía de escribir alguna
pelotudez en las páginas anteriores a ¿Tom Sharpe? ¿Vargas Llosa? ¿Fogwill? ¿Bret
Easton Ellis? pero no el gesto de escribir-te. Te dedico esta entrada en este
blog, que no vale nada pero al menos no siento que le esté robando a alguien
más.
Si yo
fuera un escritor y te estuviera regalando mi libro ahí sí te lo dedicaría,
creo. Salvo que haya decidido dedicar el libro a alguien más y la editorial lo
haya impreso y entonces ahí el problema es doble ¿cómo te dedico un libro que
ya fue dedicado a alguien más? ¿existe un especia de cola para reclamar
dedicatorias? ¿dedicatoria escrita a mano mata dedicatoria impresa? ¿o al revés? La burocracia de las dedicatorias es insoportable.
Marguerite Yourcenar
(legalemente para la justicia belga Marguerite
Cleenewerck de Crayencour), explicando los motivos por los que no había
dedicado a nadie sus Memorias de Adriano, dijo que para ella era una
suerte de indecencia colocar una dedicatoria personal al frente de un libro en
el que pretendía pasar inadvertida porque la mina había intentado escribir la
vida y la muerte del emperador Adriano bajo la fórmula Querido Marco blablablá (Marco
por Marco Aurelio, el sucesor de Adriano).
Borges,
que ni para las dedicatorias podía ser sencillo, dedica El Hacedor así: “Mañana
yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos, y la cronología se
perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo he
traído este libro y que usted lo ha aceptado”
Claro que hubo otras dedicatorias mucho más
populares: en Cantando por un Sueño 2012, Silvina Escudero dijo antes de
cantar: “Le dedico el tema (Corre, de Jesse y Joy) a una chica, le mando un
beso, se debe acordar... Hace 8 años ella me declaró que estaba enamorada de mí
y no paso nada”. Tristeza
Y esa no te convenció, te dejo un ratito con
Lanata:
¿Qué puedo hacer yo ante esas dedicatorias? Quedarme en silencio.
La carta de tu vecina es una gran dedicatoria “te
felicito por empezar a ser gente”, claro, porque te vas a Europa y allá son
gente, no como los de acá. Adoro los 90’s.
(Yo te prometo que cuando vuelvas, voy a ser gente
o por lo menos voy a controlarme)
Alfredo Bryce, en La Vida Exagerada de Martín
Romaña, escribe: “A Sylvie Lafaye de Micheaux, porque es cierto que uno escribe
para que lo quieran más”.
A mí no me quieras más, por las dudas. Suerte L.P,
¿hablamos por skype?. Voy a cocinarme ravioles e imaginar que me los hiciste
vos y te voy a esperar para que cursemos todo el año juntos (?).
Abrazo, D.
PD: Mario Vargas Llosa en Travesuras de la
niña mala: “A X, en memoria de los tiempos heroicos”.

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