Un
jardín de infantes no puede –no tiene permitido- ser muy distinto de otro. Pero
de pronto entre todos los nenes que están ahí hay uno que no sabe ser como los
demás, que no juega con juguetes de colores, que no dibuja con crayones una
familia feliz con un sol de fondo y una casa que rompe la armonía de un paisaje
donde las personas son más grandes que
las casas pero más infelices que el sol, que no tiene un autito en la mano ni
una muñeca ni ladrillitos para armar una casa ni llora extrañando a su mamá. De
pronto hay un nene entre todos que viste una polera negra y sale a caminar en
la lluvia y lleva las manos en los bolsillo en señal clara de que detesta y no
entiende el sinsentido hediondo del mundo que lo rodea: “No encontraba mucho placer en las cosas que les
gustaban a mis compañeros: las «trepadoras» de la plaza, la calesita, los
areneros, los baldecitos y las palitas,...bailar en círculos alrededor de
alguna planta, todos agarraditos de las manos; sacar juguetes de bolsas, volver
a guardar los juguetes en las bolsas, hacer cola para que te den leche
chocolatada... todo eso me parecía sin sentido".
Una
reunión de pibes de 19 años no puede –aunque sí lo tenga permitido- ser muy
distinta de otra. Pero de pronto entre todos los comentarios sobre la minita de
turno, sobre los autos, sobre las borracheras, sobre qué es lo van hacer, hay
un pibe que se levanta vestido de negro y va al baño a tomar cocaína: no
soporta la superficialidad y la falta de romanticismo.
Estamos
en Los Ángeles, en una noche cualquiera, y ese pibe-nene es Bret Easton Ellis,
nacido en esa ciudad en 1964 y autor de Menos que Cero y de su continuación, Suites Imperiales y,
claro, detesta LA aunque le haya servido de inspiración para sus novelas y de
escenario para su vida: "En Los Angeles la gente tiene serios
problemas cuando pierde su belleza física porque allí todo es superficie:
tienen cinco o seis años para hacer dinero, y luego, bueno, el horror". La vida de Ellis
disfrazó de superficialidad su encanto real y tiño de rock, drogas, sexo,
bisexualidad, misterio y belleza todo lo que pasó por su lado y Menos que Cero
fue la novela que lo catapultó al éxito y lo hizo millonario cuando sólo tenía
21 años. Después de eso vino la fama y más dinero aún destinado al descontrol:
vivió durante muchos años en un departamento sin muebles durmiendo en el piso
en un colchón tan destruido como sucio, rodeado de botellas vacías y botellas
próximas al vacío, con todas las drogas que pudo ingerir, con sus papeles de lo
que había escrito y pensaba del mundo, con las críticas despiadadas que
Los-Desesperados-De-Siempre-Por-Dictar-El-Canon-De-La-Buena-y-Mala-Literatura
habían sobre su siguiente gran éxito: American Psycho.
Por suerte Los Desesperados
De Siempre no tuvieron razón y Menos que Cero fue una novela de culto, American
Psico se convirtió en un clásico y Bret Easton Ellis es considerado la
expresión de toda una generación y una gran marca e ironía de un mundo que poco
tiene para ofrecer si no hay alguien dispuesto a contarlos en esos términos.
El
dolor, la verdad, y su crudeza son motivos y fundamentos de la obra de Ellis y
fue así desde el principio: cuando era adolescente sus historias le costaron
grandes peleas con las personas que conocía porque en todas revelaba la verdad:
su ex novia drogadicta y
su proveedor y amante; el tipo que le puso mda al ponche; todas las personas
con las que se había acostado fueran hombres o mujeres. A Bret Easton Ellis no
le importó jamás decirlo, por indiferencia o por arrogancia, por su
característica megalómana. Característica que, por otro lado, comparte con el
personaje principal de Menos que Cero y Suites Imperiales: Clay, un pibe de 19
en el primer libro, que cuenta cuatro semanas que pasa en Los Ángeles y el
mismo Clay pero ahora de 40 en el segundo que regresa a LA después de muchos
años y una carrera medianamente exitosa como guionista de cine (cualquier
parecido con la realidad de Ellis –hoy también guionista- es pura
coincidencia). El trasfondo es el mismo: la superficialidad exasperante de la
noche con todos sus excesos: incluídas muertes, violaciones, asesinatos,
bestialidad narrativa y frialdad calculada y manipuladora pero sobre todas las
cosas, es un trasfondo cubierto de mensajes en las grietas. Hay de algún modo
un grito de ayuda desesperado de Clay en el primer libro por encontrarle un
sentido a todo, una solución, un Clay que quiere salvar a su amigo del colegio
Julian que se ve envuelto en la prostitución masculina obligado por sus deudas
con los dealers, que mientras lo ve siendo penetrado por un hombre de 40 años
en la habitación de un hotel no puede menos que esquivar la mirada y recordar
cuando ambos jugaban al fútbol en la escuela. Clay en su desesperación recuerda
pero no llora –no puede, no quiere, la merca no lo deja- las vacaciones con sus
abuelos y lo fácil y feliz que todo parecía siempre un momento antes de ser
arrasado por el mayor de los desprecios y lugar común de todos los personajes
de ambos libros: el egoísmo sin términos ni condiciones. Ya en Suites
Imperiales Clay ha perdido todo rasgo de romanticismo, casi cuarenta años
después no hay redención ni perdón para ninguno de los personajes. Pero
volvamos –o mejor dicho: sigamos- hablando del dolor. De ese Dolor.
La madre de Ellis,
estando él en el secundario, recibió una carta de un profesor que decía que
Bret escribía estupendamente bien, pero que se notaba que era alguien que
sufría. Y sufría mucho. “Yo nunca juzgo a
mis personajes. Escribo desde el sentimiento. Y mis personajes no son frívolos
sino gente dañada que ha sufrido. Todos mis libros están escritos habiendo
conocido el sufrimiento. Mis novelas están basadas en el dolor. Aunque después,
escribir es una liberación. Es una terapia maravillosa".
Lo cierto es que a
Suites Imperiales no le hace falta Menos que Cero y esta última destruye por
completo a su secuela. Menos que Cero es lejos mejor que la segunda: no
necesita de un misterio de fondo para mantener la atención, no necesita
personajes misteriosos ni una subtrama de asesinatos, persecuciones y espionaje
que sí sostiene a Suites. Bret Easton Ellis no necesita saquear a los primeros
personajes que le dieron éxito y si lo
hace quizás sea por indiferencia o por arrogancia, da igual.
Después de él vendrían
muchos intentando ocupar su lugar, lo que nunca entendendieron es que la mente
de Ellis es una rosa blanca teñida con sangre que cae prendida fuego por un
abismo donde al final, siempre al final, hay una fiesta esperándolo, una chica
hermosa o un pibe muy fachero con quien acostarse, una línea de merca y, no
podía ser de otro modo, un cartel gigante que dice: “Desaparezca Aquí”.
***
*Obra: Menos que cero
*Autor: Bret Easton Ellis
*Editorial: Anagrama
***
*Obra: Suites Imperiales
*Autor: Bret Easton Ellis
*Editorial: Mondadori




No hay comentarios:
Publicar un comentario